Biodiversidad Marina Antártica. Una Visión Global

Manuel Ballesteros
Profesor Emérito, Universitat de Barcelona
mballesteros@ub.edu

La Antártida y su biodiversidad marina

El conocimiento de los organismos que viven en las frías aguas que rodean a la Antártida puede decirse que comienza con el viaje de Cook (1772-1775), quien aporta datos por vez primera de las aves marinas de la isla de Georgia del Sur. Posteriormente numerosas expediciones científicas pioneras recolectan y van descubriendo las características de la fauna y flora antárticas como la expedición británica de los navíos Erebus y Terror entre 1839-1843; la expedición británica del Challenger entre 1872-1876; la expedición belga del navío Belgica, entre 1897-1899; la expedición alemana del navío  Gauss entre  1901-1903; la expedición británica del navío Discovery entre 1901-1904; la expedición escocesa del navío Scotia entre 1902-1904; la expedición francesa a bordo del navío Pourquoi-Pas?, entre 1908-1910; la segunda expedición del navío Discovery entre 1925-1927; entre otras.

La antártida vista desde un buque de investigación oceanográfica

La costa de la Antártida vista desde un buque de investigación oceanográfica

A mediados del siglo XX y gracias al impulso del Tratado Antártico (1959), se empezaron a establecer bases de investigación científica en diferentes zonas de la Antártida. En la actualidad existen alrededor de 80 bases en el continente antártico o en las islas que lo rodean, pertenecientes a unos 30 países,  y que pueden ser permanentes o bien estacionales durante el verano austral. España tiene dos bases temporales en el archipiélago de las Shetland del Sur, una en la isla Livingston, la BAE Juan Carlos I que está gestionada por el CSIC y otra en la isla Decepción, la BAE Gabriel de Castilla, gestionada por el Ejército de Tierra español. Gracias a las investigaciones realizadas desde estas bases y de las campañas oceanográficas de buques de investigación antártica de diferentes países (RV Polarstern alemán; el RV  Nathaniel B. Palmer estadounidense; el RSS Sir David Attenborough británico; el BIO Hespérides y el BO Sarmiento de Gamboa españoles; entre otros), el conocimiento de la fauna y flora marina que habitan las zonas antárticas y subantárticas se ha incrementado enormemente, así como las características biológicas y físico-químicas de sus aguas. En las últimas décadas, que pueden denominarse la era de la biodiversidad antártica, se ha avanzado extraordinariamente en el conocimiento de las especies de la mayoría de los grupos botánicos y zoológicos gracias al trabajo de numerosos especialistas de variados países.

Existen numerosas publicaciones que tratan sobre los organismos marinos antárticos, aquí solo reseñaremos las más recientes y que consideramos más relevantes y en cada una de las secciones taxonómicas que siguen se ampliarán convenientemente. Diferentes autores han tratado la biodiversidad marina antártica desde un prisma generalizado (Dell, 1972; Arntz et al., 1997; Clarke & Johnston, 2003; De Broyer & Danis, 2010; Griffiths, 2010; entre otros). El biólogo alemán Martin Rauschert fue uno de los primeros científicos en  bucear en las aguas heladas de la Antártida a principios de los años 80 del siglo pasado, incluso durante el invierno austral. De sus experiencias han surgido un par de libros (Rauschert, 2008, 2013), ambos en alemán y que no se han traducido al inglés, por lo que son poco conocidos para la comunidad científica y el público en general no alemán. Rauschert es además un conocido especialista en crustáceos anfípodos y junto con otro renombrado científico alemán Wolf Arntz han publicado una interesante guía ilustrada del macrozoobentos antártico (Rauschert & Arntz, 2015), donde se pueden identificar las principales especies animales de los fondos marinos antárticos. Cabe destacar también la ingente obra de Knox (2007) sobre las características biológicas y oceanográficas del Mar Austral (Southern Ocean). Schories & Kohlberg (2016) han publicado una obra con fotografías en color de la fauna y flora marinas de la isla del Rey Jorge (Shetland del Sur), basadas en expediciones de buceo con escafandra autónoma. Una visita obligada en internet para quien se interese en biodiversidad marina antártica es la página web The Register of Antarctic Species (RAS) que hasta la fecha (agosto de 2026) indica el registro de 9.450 especies aceptadas de todos los organismos marinos antárticos, desde bacterias, protozoos, algas micro y macroscópicas pasando por todos los grupos de invertebrados marinos hasta los vertebrados (peces, aves y mamíferos).

Figura 1. Mapa de la Antártida con las principales áreas marinasFigura 1. Mapa de la Antártida con las principales áreas marinas. 1: Mar de Weddell; 2: Península Antártica; 3: archipiélago de las Shetland del Sur; 4: Mar de Bellingshausen; 5: Mar de Amundsen; 6: Mar de Ross; 7: Antártida del Este; 8: Antártida Norte.

Los grupos de invertebrados que viven en las aguas antárticas tienen unas características bio y fisiológicas muy particulares que les permiten su adaptación a las heladas aguas. Entre estas características,  que no son generalizadas en todos los grupos de invertebrados, pueden citarse por ejemplo su lento crecimiento y su ritmo estacional muy marcado, son estenotermos, muchas especies son filtradoras o necrófagas, numerosas especies tienen un lento y largo desarrollo embrionario, más de 1.000 especies de esponjas, ofiuras, estrellas, crinoideos y  moluscos bivalvos incuban los huevos y los juveniles (Figura 2) o son vivíparas y existe además un alto endemismo en las especies antárticas. Algunas de estas características provocan que en ciertos grupos de invertebrados se observen fenómenos de gigantismo, comparadas con especies similares de latitudes menores, aparte de tener una gran longevidad los adultos. Respecto a los vertebrados marinos antárticos, las principales adaptaciones fisiológicas a las aguas heladas van desde la producción de moléculas anticongelantes y la inexistencia de pigmentos respiratorios en la sangre y en los músculos debido a las aguas muy oxigenadas en muchos peces, a las plumas muy densas e impermeables de los pingüinos y a una capa subcutánea muy gruesa de grasa que retiene el calor corporal y a una concentración alta de mioglobina muscular que permite almacenar oxígeno en las inmersiones profundas de los mamíferos marinos.

A continuación, en las diferentes secciones que siguen se tratan cada uno de los grupos de organismos a nivel de taxonómico o de grupo ecológico y se dan unas breves indicaciones sobre sus características, adaptaciones y biodiversidad, acompañados de fotografías ilustrativas, muchas de ellas del propio autor del artículo.

Figura 2. Estrella de mar antártica Figura 2. Estrella de mar antártica que incuba entre sus brazos a numerosos juveniles.
Foto M Ballesteros.

 

Fitoplancton

Las algas microscópicas que viven suspendidas en las masas de agua marinas son las que soportan la vida en el mar juntamente con las algas macroscópicas de fondos litorales: son los productores primarios de materia orgánica mediante el proceso fotosintético, materia orgánica que luego se transmite a los siguientes niveles tróficos marinos. Pero no es solo esta su importancia en ls cadenas alimentarias en el mar, ya que contribuyen de manera muy importante al “secuestro” del CO2 atmosférico que se difunde en el agua marina y también al aporte de carbono orgánico a las comunidades bentónicas marinas cuando mueren sus células (Figura 4). El conocimiento del fitoplancton marino antártico tiene una larga historia ya que Hooker (1847), gracias a muestras recolectadas durante la famosa expedición científica de los navíos británicos Erebus y Terror, realizó un estudio sobre la abundancia de diatomeas planctónicas. Posteriormente Hart (1934, 1942) amplió estos estudios y analizó la periodicidad de la abundancia de fitoplancton en aguas antárticas. Estrada (1992) reporta el registro de unas 100 especies de diatomeas, 60 de dinoflagelados y algunas especies más de otros grupos de algas microscópicas del plancton. Knox (2007) realiza un resumen muy documentado sobre las características del fitoplancton del Mar Austral (Southern Ocean) y los factores que afectan a su abundancia y distribución.

Los principales componentes del plancton antártico son las diatomeas, con especies de los géneros Chaetoceros, Corethron, Rhizosolenia, Nitzschia y Thalassiosira (Heywood & Whitaker, 1984). También son componentes del fitoplancton antártico especies de dinoflagelados, de algas criptofíceas, de prasinofíceas y de haptofíceas, destacando en este último grupo especies del género Phaeocystis que puede formar “manchas” con una gran abundancia de individuos tanto en aguas abiertas como en el hielo. En general se ha comprobado que la abundancia de fitoplancton es mayor en las zonas neríticas situadas sobre la plataforma continental que en aguas abiertas de las zonas pelágicas. A nivel estacional, la mayor abundancia de fitoplancton ocurre durante la primavera y el verano austral que es cuando hay mayor cantidad de luz radiante. Estudios satelitales recientes (Alvain & d´Ovidio, 2014) utilizando la metodología PHYSAT y analizando la abundancia de clorofilas en el mar han logrado averiguar que los blooms estacionales de Phaeocystis y de diatomeas planctónicas se mueven hacia latitudes mayores entre noviembre y enero (primavera-verano austral). Esta temporalidad coincide con las mayores abundancias de krill antártico y con la presencia de ballenas barbadas para alimentarse en aguas antárticas.

Figura 3. Organismos relevantes del fitopláncton antártico

Figura 3. Organismos relevantes del fitoplancton antártico. A: colonia de la microalga haptófita Phaeocystis antarctica; B: la diatomea filamentosa del género Entomoneis; C: ciliados tintínidos, diatomeas y foraminíferos. Fotos extraídas de https://www.antarctica.gov.au/magazine/issue-4-spring-2002/feature2/who-does-all-the-work-in-the-southern-ocean/.

 

Figura 4. Importancia del fitoplancton y otros microorganismos en la producción de materia orgánica y el flujo de carbono en las cadenas alimentarias marinas. Imagen modificada tomada de https://www.vistaalmar.es/medio-ambiente/cambio-climatico/12970-misterioso-cambio-vida-fitoplancton-antartico.html.

 

Macroalgas

El conocimiento de las macroalgas antárticas comienza pronto, a principios del s.XIX con las primeras expediciones científicas a diferentes zonas del Mar Austral (Southern Ocean) (Godley, 1965). Casi un siglo después se conocen numerosos datos sobre la biodiversidad de las macroalgas antárticas, sus estrategias vitales para sobrevivir en aguas tan frías, su ecofisiología y ecología y sus defensas químicas para evitar el asentamiento de diatomeas en sus talos como epibiontes y su depredación por herbívoros y la biología de las principales especies (Wiencke and Clayton, 2002; Wiencke et al., 2007; Amsler et al., 2008). Se conocen unes 124 especies de macroalgas antárticas (Wiencke et al., 2014), destacando extraordinariamente varias especies de algas pardas que son comunes en fondos infralitorales a partir de 2-3 metros de profundidad, donde ya no se congela el agua marina en el invierno austral. Entre estas especies se pueden citar, por ejemplo, a las algas desmarestiales Desmarestia menziesii, D. anceps e Himantothallus grandifolius, de gran talla y que dominan en  biomasa y porcentaje de recubrimiento de los fondos marinos rocosos desde unos 3 m  hasta 20-30 m de profundidad. H. grandifolius es realmente espectacular con sus frondes de hasta 8 m de longitud y un metro de ancho que se recuestan sobre los fondos marinos hasta cubrir casi el 100% de su superficie. En zonas intermareales rocosas carentes de hielo en el verano austral pueden verse recubiertas al 100%  por el alga parda Adenocysteis utricularis, que alberga una abundante y rica fauna de invertebrados algales (micromolusos, poliquetos, anfípodos) que encuentran allí refugio o alimento (Aghmich et al., 2015).   Numerosas manchas de algas rojas incrustantes son frecuentes en las charcas de marea del intermareal así como bajo  piedras en el infralitoral.

Figura 5. Selección de macroalgas antárticas

Figura 5. Selección de macroalgas antárticas.  A y B: Himantothallus grandifolius, en B en su medio ambiente a unos 10 m de profundidad en la isla del Rey Jorge; C: ejemplar de Desmarestia sp.; D: intermareal de la isla del Rey Jorge en marea baja  dominado por Adenocystis utricularis; E: algas rojas incrustantes con la lapa antártica Nacella concinna en charca de marea en la isla del Rey Jorge. Fotos M. Ballesteros.

 

Las esponjas

Se conocen alrededor de unas 400 especies de esponjas en aguas que rodean a la Antártida   (Janussen & Downey, 2014) y debido a que muchas de las especies viven  en substratos blandos y a su gran abundancia localmente en los fondos marinos, se les ha llamado con razón como bioconstructores marinos porque gracias a sus mecanismos de sustentación al substrato, por ejemplo espículas basales muy largas en el caso de las Hexactinélidas, son capaces de crear en esos substratos inestables unos hábitats adecuados para el apoyo y sustento de numerosas especies que viven como epibiontes. La biomasa de las esponjas en los fondos antárticos puede llegar a suponer hasta el 75% de todos los organismos bentónicos. Muchas esponjas antárticas son euríbatas y tienen una amplia distribución circumpolar. En substratos rocosos sublitorales, las esponjas pueden recubrir amplias zonas de la roca, como por ejemplo Dendrilla antarctica, compitiendo con otras esponjas e invertebrados sésiles como los tunicados coloniales (Figura 2). Un sumario de la ecología de las esponjas antárticas ha sido proporcionado por McClintock et al. (2005).

Figura 6. Selección de esponjas antárticas

Figura 6. Selección de esponjas antárticas. A: captura de variedad de esponjas hexactinélidas en aguas del Mar de Weddell; B: Dendrilla antarctica en fondos sublitorales de la isla de Rey Jorge (Shetland del Sur); C: Sphaerotylus antarcticus en fondos sublitorales de la isla de Rey Jorge (Shetland del Sur); y D: Isodictya erinacea del Mar de Bellingshausen. Fotos M. Ballesteros.

 

Los cnidarios bentónicos

El Register of Antarctic Species (RAS) indica la presencia de 460 especies de cnidarios antárticos. Especies de hidrozoos y de los diferentes grupos de antozoos son comunes en los fondos de las aguas que rodean a la Antártida. Se conocen unas 179 especies de hidrozoos antárticos, que se caracterizan por su alto grado de endemismo, que puede llegar hasta el 80-90% a nivel de especies, con la mitad de ellas teniendo una distribución circumantártica (Peña-Cantero, 2014). El especialista español de la Universitat de Valencia Álvaro L. Peña-Cantero se ha convertido en la máxima autoridad mundial en el estudio de los hidrozoos antárticos, publicando numerosos artículos sobre la biodiversidad de este grupo en zonas como el Mar de Weddell, el Mar de Bellingshausen, el Mar de Ross y diferentes áreas insulares antárticas y subantárticas (Peña-Cantero, 2006, 2010, 2012, entre otros). Hay registradas 33 especies de hidrocorales de la familia Stylasteridae en aguas antárticas  y subantárticas (Bax & Cairns, 2014). Respecto a los antozoos, varias especies de gorgonáceos son frecuentes en profundidades sublitorales inferiores en fondos fangosos junto a especies de esponjas, llegando a caracterizar dichos fondos. Entre los hexacorales se conocen 5 especies de actiniarios, 9 de antipatarios, 1 ceriantario, 5 de coralimorfarios, 42 especies de corales escleractinios y 1 zoantideo (Rodríguez & Fautin, 2014). Dentro de los octocorales, hay unas 30 especies conocidas en aguas antárticas, los gorgonáceos son los que están mejor representados en biodiversidad y biomasa.

Figura 7. Selección de cnidarios antárticos

Figura 7. Selección de cnidarios antárticos. A: el hidrozoo Oswaldella shetlandica; B: el actiniario Hormosoma scotii;  C: el octocoral Alcyonium antarcticum; D: el coral escleractinio Flabellum cf. thouarsii; E:  el gorgonáceo Primnoisis antarctica. Fotos M. Ballesteros.

 

Los anélidos

Se conocen alrededor de 600 especies de anélidos poliquetos (Errantia más Sedentaria) viviendo en las aguas antárticas (Schüller & Ebbe, 2014), desde el intermareal hasta las grandes profundidades. También se conocen 4 especies de poliquetos pelágicos del género Tomopteris. Están muy bien estudiadas las especies de poliquetos del Mar de Weddell y del Mar de Ross (Hartmann, 1978; Cantone, 1994; Gambi et al., 1997; Knox & Cameron, 1998), quizás porque son las dos zonas de la Antártida donde se han realizado más expediciones científicas y donde hay bases cercanas establecidas permanentemente; pero también hay datos de las poblaciones de poliquetos de áreas más alejadas como el Mar de Bellingshausen (Parapar et al., 2001). Dentro de las especies de anélidos antárticos hay que señalar también la presencia de 13 especies de equiúridos que se incluyen actualmente en el filo Annelida y que hasta hace poco eran considerados un filo aparte. También se conocen unas 12 especies de sipuncúlidos (Saiz-Salinas, 2014) y unas 21 especies de hirudíneos (Utevsky, 2005).

Figura 8. Selección de anélidos antárticos

Figura  8. Selección de anélidos antárticos. A: Aglaophamus trissophyllus; B: Polyeunoa laevis epibionte sobre una gorgonia; C: Flabelligera mundata; D: tubos de Pista spinifera; E: hirudíneo no identificado, posiblemente del género Moorebdellina; F: el sipuncúlido Golfingia anderssoni. Fotos M. Ballesteros.

 

Los briozoos

Los briozoos o ectoproctos son un filo de invertebrados acuáticos con la gran mayoria de las especies viviendo en el mar. Son todos coloniales y sus colonias pueden ser de diversos tipos (incrustantes, ramificadas, foliáceas) y texturas (blandas, calcificadas y duras o intermedias entre ambas) según las especies. En el mar son considerados como especies pioneras a la hora de colonizar superficies que posteriormente pueden ser ocupadas por esponjas, algas u otros organismos. Se conocen unas 400 especies de briozoos  en aguas antárticas al sur del Frente Polar (Barnes & Downey, 2014). La gran mayoría de las especies antárticas pertenecen a la subclase de los Gymnolaemata y al orden Cheilostomata. Entre 0 y 100 metros de profundidad se ha comprobado que muchas especies pueden ser consideradas como bioconstructoras (especialmente de las familias Flustridae y Cellaridae) y crear hábitats estructuralmente heterogéneos (Wood et al., 2012) capaces de provocar un aumento de la biodiversidad en fondos inicialmente pobres en especies. Barnes (1994) encontró 30 especies de invertebrados epibiontes viviendo en solo dos especies de briozoos. La cara inferior de las piedras sueltas en fondos antárticos, desde el intermareal hasta profundidades mayores, suele estar colonizada principalmente por diferentes especies de briozoos.

Figura 9. Selección de briozoos antárticos

Figura 9. Selección de briozoos antárticos. A: Carbasea ovoidea; B: Mellicerita flabelligera; C: Cellaria diversa; D: Inversiula nutrix en la cara inferior de una piedra del intermareal de la Isla del Rey Jorge; E:  Orthoporidra compacta; F: cara inferior de una piedra del sublitoral de la isla del Rey Jorge, donde predominan los briozoos incrustantes.  Fotos M. Ballesteros.

 

Los moluscos

Se trata de uno de los grupos animales más estudiados desde el principio de la investigación antártica, donde además de numerosos artículos publicados sobre especies o áreas concretas, destacan los tratados sobre moluscos antárticos de Carcelles (1953), Dell (1990) y Engl (2012), principalmente dedicados a las especies con concha. Se conocen unas 900 especies de moluscos viviendo en aguas antárticas, que corresponden a unas 700 especies de gasterópodos bentónicos y pelágicos (Schiaparelli & Linse, 2014; Roberts et al., 2014), 160 especies de bivalvos (Linse, 2014) y 45 de cefalópodos (Allcock, 2014; Rodhouse et al., 2014), como grupos principales. Recientemente Ballesteros et al. (2025) han registrado 394 especies de babosas de mar s.l. (Gastropoda, Heterobranchia) en todo el Southern Ocean (al sur de 41º), de las cuales 89 corresponden a áreas estrictamente antárticas. Aghmich et al. (2015) han demostrado que las comunidades de algas intermareales en zonas de la costa antártica desprovistas de hielo en el verano austral (como en el extremo occidental de la isla del Rey Jorge) albergan poblaciones de diminutos moluscos gasterópodos y bivalvos en densidades de varias decenas de miles de individuos por metro cuadrado.

Figura 10. Selección de moluscos antárticos

Figura 10. Selección de moluscos antárticos. Gasterópodos. A: la lapa antártica Nacella concinna; B: Chlanidota signeyana; C: Marseniopsis mollis; D: la babosa de mar Doris kerguelenensis; Bivalvos. E: Aequiyoldia eightsii; F: Philobrya sublaevis epibionte sobre una gorgonia. Fotos M. Ballesteros.

 

Otros grupos de invertebrados bentónicos

Los nematodos (Filo Nematoda) forman un grupo de microscópicos invertebrados acuáticos y terrestres que se cuentan entre los más numerosos en especies y en abundancia de individuos (entre 10.000 y 1.000.000 de individuos por metro cuadrado en los fondos marinos). Con más de 25.000 especies conocidas y según los especialistas 100.000 o más especies por conocer aún, se encuentran entre los cuatro filos animales más numerosos en especies. Los nematodos marinos son muy importantes en los fondos marinos, donde viven enterrados en los sedimentos formando parte de la meiofauna alimentándose de bacterias, hongos y restos orgánicos, siendo a su vez el alimento de otros pequeños invertebrados como diversos grupos de crustáceos. Muchas especies de nematodos marinos viven entre las algas de fondos litorales. Aunque la fauna de nematodos antárticos no es aún muy conocida, Ingels et al (2014) han realizado una revisión de las especies registradas y apuntan la existencia de 524 especies de nematodos antárticos.

Respecto a los braquiópodos (Filo Brachiopoda), un grupo de invertebrados lofoforados cuyo cuerpo está encerrado en una concha bivalva, Emig (2017) cita la presencia de 51 especies en los fondos litorales y más profundos de zonas antárticas y subantárticas. Muchas de sus especies están sujetas al substrato mediante un pedúnculo carnoso mientras que otras están fijas por una de sus valvas al substrato rocoso, como las ostras. De las 18 especies conocidas de priapúlidos (Filo Priapulida), todas marinas, dos se han citado en aguas antárticas, Priapulus tuberculatospinosus y Priapulopsis australis, donde viven enterrados en los fondos blandos formando galerías en forma de U. Unas 50 especies de gusanos nemertinos (Filo Nemertea) se conocen en aguas antárticas, destacando dos de ellas Parborlasia corrugata, que puede llegar a alcanzar hasta dos metros de longitud y es un voraz depredador de otros invertebrados como erizos y estrellas de mar, y Antarctonemertes riesgoae, recientemente descrita por investigadores españoles, que mide sólo poco más de 1 cm de longitud, vive bajo piedras en el intermareal y fabrica unas cápsulas ovígeras donde mantiene a sus huevos y los defiende de los posibles depredadores. Algunas especies de gusanos planos (Filo Platyhelmintes) viven en la zona intermareal bajo piedras como Obrimopsthia wandeli, a veces en asociaciones de numerosos individuos.  A cierta profundad, entre 200 y 400 metros, las muestras de arrastre traen frecuentemente a cubierta del barco numerosos ejemplares del hemicordado colonial Cephalodiscus nigrescens (Filo Hemichordata), con  cierto parecido a algunas especies de esponjas.

Figura 11. Otros grupos de invertebrados bentónicos

Figura 11 . A: El braquiópodo Liothyrella uva; B: el nemertino Parborlasia corrugata junto a un erizo de mar en fondo fangoso a 20 m de profundidad en la isla del Rey Jorge; C:el nemertino Antarctonemertes riesgoae (en el centro) y su càpsula ovígera en el ángulo inferior izquierdo; D: el platelminto turbelario Obrimopsthia wandeli; E: el priapúlido Priapulus tuberculatospinosus con la trompa evaginada; F: el hemicordado Cephalodiscus nigrescens. Fotos M. Ballesteros.

 

Los crustáceos

Los crustáceos, con unas 60.000 especies conocidas, la mayoría marinas, son, junto con los moluscos, el grupo zoológico más diversificado en todos los océanos. La compleja taxonomía de los crustáceos (Subphylum Crustacea, Phylum Arthropoda) considera tres superclases diferentes y varias clases en cada una de ellas, entre las que podemos destacar la de los Copepoda, los Ostracoda y los Malacostraca, esta última donde se encuentran la mayoría de las especies de los crustáceos “superiores” y mejor conocidos. Kouwenberg et al. (2014) indican la existencia de 388 especies conocidas de copépodos pelágicos en aguas antárticas y explican su importancia en las cadenas alimentarias marinas antárticas como consumidores primarios, por su abundancia (en ocasiones cientos de miles de individuos por metro cuadrado bajo el hielo) y por su amplia distribución batimétrica. Los ostrácodos son otro de los grupos de pequeños crustáceos bien diversificado en aguas antárticas, de los que Brandão & Dingle (2014) citan la presencia de 494 especies (bentónicas más pelágicas). El resto de grupos que vienen a continuación pertenecen todos a la clase de los Malacostraca. Entre los grupos “menores” de malacostráceos se han citado 64 especies de misidáceos (orden Mysida) (Petryashov, 2014), 160 especies de tanaidáceos (orden Tanaidacea) (Blazewicz-Paszkowycz, 2014) y 93 especies de cumáceos (orden Cumacea) (Mühlenhardt-Siegel, 2014).

Los órdenes de los Amphipoda y de los Isopoda son los más abundantes en individuos y diversificados en especies en las aguas antárticas y también los mejor conocidos, citando De Broyer and Jazdzewska (2014), 564 especies de anfípodos y Kaiser (2014) 441 especies de isópodos; muchas de estas especies de anfípodos e isópodos tienen una gran importancia en las cadenas alimentarias antárticas como presa para otros consumidores secundarios. Algunas de las especies de anfípodos se piensa que pueden tratarse de grupos de especies crípticas, por lo que su estudio molecular puede conducir a la descripción de numerosas especies nuevas más. El isópodo Serolis paradoxa es una de las primeras especies en ser descritas para aguas de la Antártida por Fabricius en 1775. Entre los crustáceos “superiores” del superorden Eucarida se conocen 6 especies de eufausiáceos (orden Euphausiacea)  (Cuzin-Roudy et al., 2024) donde destaca Euphausia superba o kril antártico, que se encuentra en la base de muchas de las cadenas alimentarias de consumidores secundarios como pingüinos y otras aves marinas, focas y ballenas. Finalmente el grupo más “superior” de los Eucarida, los decápodos (orden Decapoda) solo contienen 45 especies viviendo en aguas antárticas, 22 de cangrejos (infraorden Brachyura) y langostas (infraorden Achelata) (Griffiths et al., 2014) y 23 especies de gambas (superfamilia Penaeoidea) (Basher & Costello, 2014). Griffiths et al. (2014) discuten las evidencias históricas de la evolución de los continentes en épocas geológicas pasadas para explicar las posibles causas de la escasez de decápodos en la actualidad en aguas de la Antártida.

Figura 12. Selección de Crustáceos antárticos

Figura 12. Selección de Crustáceos antárticos. Decápodos. A: Paralomis bisteini; B: Nematocarcinus lanceopes. Eufausiáceos. C: el krill antártico Euphausia superba.  Anfipodos. D: Paraceradocus gibber; E: Epimeria monodonta. Isópodos. F: Glyptonotus antarcticus. Fotos M. Ballesteros.

 

Los picnogónidos

Los picnogónidos, conocidos por su aspecto por el nombre común de arañas de mar son un grupo de artrópodos quelicerados exclusivos de las aguas marinas. Como las arañas terrestres, tienen cuatro pares de patas (aunque algunas especies tienen cinco pares), generalmente muy largas en comparación con el tamaño del cuerpo, y unos apéndices bucales, los quelíceros, que utilizan para atacar a sus presas. Los machos tienen además un par de cortos apéndices denominados ovígeros que sirven para llevar la puesta. Los picnogónidos que viven en aguas de la Antártida suelen tener tamaños muy grandes (gigantismo) comparados con las especies que viven en latitudes menores, llegando a alcanzar longitudes de más de 50 cm con las patas extendidas en Colossendeis colossea. Este fenómeno se ha relacionado con su bajo metabolismo debido a las bajas temperaturas del agua y a la gran proporción de oxígeno disuelto en el agua marina, entre otros factores. Los picnogónidos antárticos han sido conocidos desde el s. XIX cuando la expedición del Challenger capturó los primeros ejemplares y ya en el s. XX varios autores se han preocupado de estudiar a estos invertebrados (Gordon, 1938; Fry & Hedgpeth, 1969; Child, 1994, 1995). Munilla & Soler-Membrives (2009) registran un total de 264 especies de picnogónidos para todo el Mar Austral (Southern Ocean), de las cuales 192 viven en aguas estrictamente antárticas al sur de Frente Polar, lo que representa el 14% de todas las especies conocidas.

Figura 13. Selección de picnogónidos antárticos

Figura 13. Selección de picnogónidos antárticos. A: Colossendeis colossea; B: Colossendeis australis; C: Nymphon hiemale; D: Pentanymphon antarcticum: E: Austropallene cornigera. A, foto A. Ramos; fotos B, C, D y E, M. Ballesteros.

 

Los equinodermos

Los equinodermos son un filo de invertebrados estrictamente marino que está muy bien representado en las aguas antárticas, donde constituyen aproximadamente el 10% de toda la fauna marina conocida. Viven desde la zona intermareal hasta las mayores profundidades marinas, tanto en substratos duros como fangosos, según los grupos de equinodermos. Muchas especies son incubadoras de los embriones y de los individuos juveniles. En los equinodermos antárticos se pueden observar una gran variedad de formas de vida que poseen numerosos modos de nutrición, reproducción y otras variadas estrategias vitales. El Register of Antarctic Species (RAS) indica la presencia de 636 especies válidas observadas en aguas antárticas. El grupo más numeroso en especies està representado por los asteroideos, con unas 235 especies diferentes según Danis et al. (2014). Le siguen los holoturoideos, con unas 187 registradas por O’Loughlin et al. (2010) entre las que se encuentran 51 especies sin describir en la fecha de esa publicación; estos mismos autores postulan que las aguas antárticas pueden ser un hotspot de biodiversidad para los equinodermos y en particular para las holoturias. Los demàs grupos de equinodermos son sensiblemente menos diversos en especies, conociéndose unas 43 especies de crinoideos (Eleaume et al., 2014), 82 especies de equinoideos (Saucede et al., 2014) y 76 especies de ofiuras (Martín-Ledo & López-González, 2014). En la actualidad se están descubriendo grupos de especies crípticas que incrementarán la bodiversidad de los equinodermos de las aguas antárticas.

Figura 14. Selección de Equinodermos antárticos

Figura 14. Selección de Equinodermos antárticos. Crinoideos, A: Promachocrinus kerguelenensis; Asteroideos. B: Labidiaster annulatus; C: Odontaster validus. Equinoideos. D: Sterechinus neumayeri. Holoturoideos. E: Cladodactyla crocea var. croceoides. Ofiuroideos. F: Amphiura joubinii. Fotos M. Ballesteros.

 

El zooplancton y el plancton gelatinoso

El zooplancton es esencial en las cadenas alimentarias marinas puesto que es la conexión entre los organismos productores microscópicos (fitoplancton) y los consumidores secundarios (carnívoros) como calamares, peces, aves marinas y ciertos mamíferos marinos. Su estudio es relativamente complejo, entre otros aspectos, por la heterogeneidad espacial de sus poblaciones y por los cortos ciclos de vida de sus especies. Knox (2007) ha realizado una revisión muy completa de la composición, abundancia y distribución del zooplancton del Mar Austral (Southern Ocean). El proyecto SCAR Southern Ocean Continuous Plankton Recorder (SO-CPR) se lleva desarrollando desde 1991 para conocer la composición, abundancia y distribución del zooplancton de todo el Mar Austral incluidas las aguas estrictamente antárticas; hasta el año 2018 se habían muestreado un total de 238.000 km de dicho mar arrastrando a 10 m de profundidad mallas de plancton con una abertura máxima de 1,27 cm2 y mínima de 270 micras (Pinkerton et al., 2020). Los anteriores autores encuentran que los principales elementos del zooplancton de su estudio de 29 años son los copépodos ciclopoideos, con la especie dominante cosmopolita Oithona similis constituyendo el 97% de ellos, copépodos calanoideos y harpacticoideos, anfípodos hipéridos, pequeños eufausiáceos como Thysanoessa macrura, crustáceos ostrácodos, quetognatos, foraminíferos, apendicularias (tunicados pelágicos) de los géneros Fritillaria y Oikopleura y especies de moluscos pterópodos. Las abundancias de zooplancton, como era de esperar, fueron mayores entre octubre y marzo, que es cuando hay mayor producción fitoplanctónica. Debido a la gran variabilidad de formas de vida en el zooplancton y sus ciclos biológicos no está muy claro todavía en qué pueden afectar los cambios físico-químicos que se prevén en las aguas marinas antárticas debido al cambio climático.

El plancton gelatinoso se define como todos aquellos organismos del plancton, exclusivamente de tipo animal, que tienen en su composición corporal un 95% de agua o más, por lo que son más o menos transparentes y frágiles. Esta característica la poseen especies de Cnidarios, de Ctenóforos y de tunicados pelágicos como salpas, pirosomas y doliólidos, a los que también se suelen añadir los quetognatos y algunas especies de moluscos holoplanctónicos como por ejemplo gasterópodos del grupo de los Pterópodos. Lindsay et al. (2014) registran en aguas antárticas y subantárticas la presencia de 71 especies diferentes de hidromedusas, 18 de escifomedusas como la medusa gigante antártica Desmonema glaciale, con una campana de un metro de diámetro y tentáculos que pueden alcanzar los 10 m de longitud, 30 de sifonóforos y 12 ctenóforos. La mayoría de estas especies formando parte del holoplancton pueden ser transportadas por las corrientes marinas y por este motivo pueden tener una amplia distribución geográfica.

Figura 15. Zoopláncton y pláncton gelatinoso

Figura 15. Zooplancton y plancton gelatinoso, A: el copépodo ciclopoide Oithona similis (tomado de https://fity.club/lists/z/oithona-similis-zooplankton-guide/); B: el crustáceo eufausiáceo Thysanoessa macrura (foto G. Giribet, de inaturalist); C: la apendicularia Oikopleura dioica, foto A. Fernández-Roldán; D: la hidromedusa Calycopsis borchgrevincki; E: escifomedusa (Desmonema glaciale); F:  escifomedusa coronada (Atolla wyvillei); G: quetognato, foto J. Cristobo; H: Salpa thompsoni; I: molusco gasterópodo pterópodo (Spongiobranchaea australis). Fotos  D, E, F, H, I, M. Ballesteros.

 

Los tunicados bentónicos

Los tunicados son invertebrados marinos que pertenecen al filo de los Cordados (y por lo tanto estrechamente emparentados con los vertebrados). Se denominan así por tener una cubierta alrededor del cuerpo de naturaleza polisacárida llamada túnica. Las larvas planctónicas tienen una notocorda en la cola, que desaparece en el adulto. Todos son filtradores y utilizan su faringe modificada para retener partículas alimenticias que están en el agua. Los tunicados bentónicos  o ascidiáceos pueden ser individuales o formar colonias muy diversas en formas y tamaños. Las ascidias de aguas antárticas son uno de los grupos de invertebrados bentónicos sésiles más conspicuos en número de especies y en biomasa en todos los fondos marinos, desde las zonas intermareal y sublitoral hasta las grandes profundidades. Algunas especies individuales como Molgula pedunculata son sociales y pueden formar grandes asociaciones de individuos a cierta profundidad o crecer sobre otros organismos sésiles. Cnemidiocarpa verrucosa es una ascidia individual frecuente en fondos rocosos sublitorales. Otras especies coloniales viven en substratos rocosos y compiten por el espacio con esponjas y briozoos incrustantes. Diferentes autores han estudiado la fauna de ascidias de regiones concretas de la Antártida (Kott, 1969; Monniot & Monniot, 1983; Ramos et al., 2005, entre otros). Se han registrado un total de 245 especies de ascidias en fondos marinos al sur del Frente Subtropical que divide las aguas más cálidas situadas al norte de las más frías al sur. Primo & Vázquez (2009) estudiando la biogeografía de las especies de ascidias en diferentes sectores de la Antártida llegan a la conclusión de que existe una gran homogeneidad en la distribución de las especies alrededor de la Antártida y del alto grado de endemismos de las especies, que varía entre 25-51% según los sectores.

Figura 16. Selección de especies de Tunicados bentónicos antárticos

Figura 16. Selección de especies de Tunicados bentónicos antárticos. A:  Cnemidiocarpa verrucosa; B: Molgula pedunculata; C: Ascidia challengeri; D: Synoicum adareanum; E: Pyura bouvetensis; F: parte de la colonia de Distaplya cylindrica flotando en el agua. Fotos M. Ballesteros.

 

La fauna del hielo

La superficie del hielo, aparentemente tan inhóspita para la vida, alberga no obstante en la Antártida una curiosa e interesante fauna que vive en contacto o en estrecha relación con el hielo. La base para la existencia de esta fauna la constituyen las microalgas, principalmente el alga haptófita Phaeocystis antarctica, y protozoos flagelados, además de bacterias, que crecen en la cara inferior de la banquisa antártica formando una microcapa orgánica que da sustento a pequeños invertebrados consumidores primarios como especies de copépodos, de anfípodos y el krill. Los copépodos calanoides y harpacticoideos son los invertebrados que dominan en el hielo antártico con abundancias de cientos o miles de ejemplares  por metro cuadrado de superficie de hielo (Swadling, 2014). Tres son las especies dominantes, los calanoides Stephos longipes y Paralabidocera antarctica y el harpacticoide Drescheriella glacialis. Las especies de anfípodos que pueden encontrarse en el hielo son predominantemente especies bentónicas del grupo de los Gammaroideos que acuden ocasionalmente al hielo para alimentarse. El kril antártico (Euphausia superba) encuentra cobijo y alimento en la cara inferior del hielo en los meses de invierno y primavera austral (julio a diciembre), especialmente los individuos juveniles, cuando el fitoplancton de aguas abiertas es muy escaso debido a la noche polar y en cambio las microalgas del  hielo son todavía abundantes. Otras especies que se han localizado en contacto íntimo con el hielo, en la cara inferior de la banquisa son el foraminífero Neogloboquadrina pachyderma, la anémona Edwardsiella andrillae, de unos 12 cm y que cuelga unida con su pie adherente bajo la superficie del hielo, el nudibranquio Tergipes antarcticus (Kiko et al., 2008), que cumple todo su ciclo vital en el hielo, algunos platelmintos acelos, ctenóforos como Callianira antarctica, y algunos nematodos.

Figura 17. Especies relevantes de la fauna del hielo

Figura 17. Especies relevantes de la fauna del hielo. A: el foraminífero Neogloboquadrina pachyderma,  Foto Hannes Grobe; B: la anémona Edwardsiella andrillae, (tomada de https://journals.plos.org/plosone/article/figure?id=10.1371/journal.pone.0083476.g002); C: el nudibranquio Tergipes antarcticus (modificado de Kiko et al., 2008).

 

Los peces

Figura 18. Morfologia general del cuerpo de las principales familias de peces antárticos

Los peces que viven en aguas antárticas son una fauna única por sus características fisiológicas de adaptación a las aguas constantemente bajo cero y muy oxigenadas. Tienen además un alto nivel de endemismos. Se conocen unas 200 especies de peces antárticos y aproximadamente la mitad de ellas pertenecen a los nototenioideos (orden Perciformes). Las principales características que permiten a los peces antárticos vivir permanentemente en aguas bajo cero son su capacidad para producir glucoproteínas anticongelantes que evitan la formación de cristales de hielo en sus tejidos, su lento metabolismo, que les permite reducir la energía necesaria para sus procesos vitales, y la formación de moléculas de bajo peso molecular que mantienen las membranas de sus células intactas. Las proteínas anticongelantes se sintetizan principalmente en el páncreas de los peces. Channichthys rhinoceratus fue uno de los primeros peces antárticos en ser descritos para la ciencia en 1844; como todos los de su género pertenece al grupo de los denominados peces de hielo o peces cocodrilo de hielo, de los que se conocen 9 especies según WoRMS, todos ellos viviendo en el Mar Austral (Southern Ocean) y como característica distintiva que su sangre no contiene eritrocitos ni pigmentos respiratorios solubles, por lo que es incolora, el oxígeno respiraatorio es transportado disuelto en el plasma sanguíneo. Las principales familias de peces antárticos en abundancia de especies son la familia Liparidae o peces babosos y los Nototheniidae o bacalaos de hielo. Otras familias de peces antárticos son Bovichtidae o toritos, Harpagiferidae, Artedidraconidae, Bathydraconidae y Channichthyidae (Figura 18).

Figura 18. Morfología general del cuerpo de las principales familias de peces antárticos.  A: Bovichthyidae; B: Nototheniidae; C: Harpagiferidae; D: Artedidraconidae; E: Bathydraconidae; F:  Channichthyidae (tomado de wikipedia, https://commons.wikimedia.org/wiki/File:ANTARTIC_FISH.png)

Figura 19. Selección de peces antárticos.

Figura 19. Selección de peces antárticos. A: Chionodraco sp., pez cocodrilo de hielo juvenil (familia Channichthyidae), foto J. Cristobo;  B: Artedidraco orianae (familia Artedidraconidae); C: Macrourus witsoni (familia Macrouridae);  D: Lepidonotothen larseni (familia Nototheniidae); E: Harpagifer antarcticus (familia Harpagiferidae) en el intermareal de la isla de Rey Jorge; F: Pachycara brachycephalum (familia Zoarcidae). Fotos B, C, D, E y F, M. Ballesteros.

 

Las aves marinas

La fauna avícola que habita en la Antártida también es única por la presencia de 5 especies de pingüinos, lo que significa casi la tercera parte de las 17 especies conocidas en todo el mundo. Como es sabido, los pingüinos no pueden volar pero sus adaptaciones morfológicas y fisiológicas les permiten nadar a gran velocidad en el agua (hasta 36 km/hora en el pingüino papúa) para perseguir y capturar sus presas, que son principalmente peces y krill, utilizando para ello sus alas atrofiadas que funcionan como aletas rígidas. Los pingüinos antárticos, en la época de reproducción, forman inmensas colonias de millones de individuos, tanto en las islas antárticas como en el continente, sobre hielo marino próximo a la costa. Las especies de pingüinos presentes en la región antártica son el barbijo, el de Adelia, el papúa, el emperador y el pingüino rey. Ocasionalmente el pingüino macaroni, de distribución subantártica, es visto en algunas islas cercanas a la Península Antártica. Murray Levick (2018) ha escrito un interesante estudio de los hábitos sociales de los pingüinos antárticos. Cerca de 60 especies de aves voladoras viven o frecuentan las aguas de la Antártida, donde se alimentan de kril y peces; algunas de ellas anidan en la zona (Lepage, 2026). Las principales familias de aves antárticas son la familia Stercorariidae (págalos o skúas), con seis especies, la familia  Diomedeidae (albatros), con 11 especies, y la familia Procellariidae (petreles y pardelas), con 22 especies. Destaca también la presencia de una gaviota (Larus dominicanus, familia Laridae), de la paloma antártica (Chionis albus, familia Chionidae) y del cormorán imperial (Leucocarbo atriceps, familia Phalacrocoracidae).

Figura 20. Selección de aves antárticas

Figura 20. Selección de aves antárticas. A: Pingüino barbijo (Pygoscelis antarcticus, familia Spheniscidae) dando de comer a su cría; B: Pingüino papúa (Pygoscelis papua, familia Spheniscidae); C: Petrel gigante antártico (Macronectes giganteus, familia Procellariidae); D: Petrel damero (Daption capense, familia Procellariidae); E: skúa antártica (Stercorarius antarcticus, familia Stercorariidae); F: Gaviota antártica (Larus dominicanus, familia Laridae). Fotos M. Ballesteros.

 

Los mamíferos marinos

Los mamíferos marinos son unos seres muy peculiares. Se originaron a partir de ancestros de vida terrestre pero se adaptaron posteriormente a la vida en el mar gracias a la adquisición evolutiva de toda una serie de profundas modificaciones corporales, fisiológicas y reproductivas que les facilitaron la vida acuática. Solo se conocen en la actualidad unas 130 especies. De todas estas sólo son residentes en aguas antárticas seis especies, el lobo fino antártico (otárido) y cinco especies de focas (pinnípedos), la foca de Weddell, la foca cangrejera, la foca de Ross, la foca leopardo y el elefante marino del sur; todas ellas deben acudir a las costas antárticas o a los hielos flotantes de la banquisa antártica para reproducirse y descansar después de largas estancias en el mar abierto para alimentarse. Se conocen seis especies de ballenas barbadas (misticetos) y doce de cetáceos dentados (odontocetos) que visitan o viven en las aguas antárticas al sur del Frente Polar.  La mayoría de estos cetáceos tienen una amplia distribución geográfica y acuden a las aguas frías y productivas de la Antártida para alimentarse durante el verano austral, principalmente de kril antártico (Ropert-Coudert et al., 2014). Knox (2007a, b) ha realizado una interesante sinopsis de la biología, distribución y migraciones de todas estas especies. Entre las especies más significativas de los cetáceos visitantes tenemos a la ballena azul, a la yubarta, al rorcual aliblanco antártico, el rorcual común, la ballena franca austral, el cachalote, a la orca y varias especies de delfines, de calderones y zifios; la orca se encuentra en lo más alto de la cadena alimentaria marina antártica ya que puede depredar, además de pingüinos a varias especies de focas, a lobos de mar e incluso a ballenas. La intensa caza de ballenas en aguas cercanas a la Península Antártica y en la isla de Georgia del Sur condujo a la casi extinción de algunas especies en ls primeras décadas del s.XX.

Figura 21. Mamíferos marinos

Figura  21. Mamíferos marinos. A: foca de Weddell (Leptonychotes weddellii); B: foca cangrejera (Lobodon carcinophagus); C: focas leopardo (Hydrurga leptonyx;  D: grupo de elefantes marinos (Mirounga leonina); E: Lobo marino antártico (Arctocephalus gazella); F: ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) expulsando el agua por la boca después de engullir krill. Fotos C, D y E, M. Ballesteros; fotos A, B y F, autor desconocido.

 

Conclusiones

Los seres vivos son extraordinarios en todas sus facetas y todavía desconocemos muchos aspectos de sus vidas. En aguas de la Antártida muchos de sus habitantes han «aprendido» a lo largo de sus historias evolutivas, con mecanismos adaptativos sorprendentes,  a lidiar con las frías aguas, generalmente bajo cero, con la producción primaria intermitente y con la presencia de depredadores que vienen de latitudes más bajas para alimentarse (ballenas y orcas, principalmente) en el verano austral. No conocemos aún qué es lo que deparará a los habitantes marinos antárticos todos los efectos originados por el cambio climático, pero algunos de ellos ya pueden vislumbrarse como la disminución del hielo marino en el verano austral y la llegada de especies «exóticas» como por ejemplo la «invasión» de crustáceos de latitudes menores a través de los fondos profundos del Mar Austral. La historia de los seres marinos antárticos está todavía inacabada, ¿podremos algún día entenderlos mejor y protegerlos de los cambios ambientales que se ciernen sobre ellos?

 

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Manuel Ballesteros

Manuel Ballesteros

Biólogo marino de profesión y apasionado por la naturaleza y la biodiversidad en general. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universitat de Barcelona en 1975, obtuvo el grado de doctor en 1980 en la misma universidad con la tesis titulada “Contribución al conocimiento de los Sacoglosos y Nudibranquios. Estudio anatómico, sistemático y faunístico de las especies del Mediterráneo español”, que obtuvo la calificación de Sobresaliente cum laude.

Después de varios años dedicado a la enseñanza de la biología en Bachillerato en centros privados y públicos, desde 1984 ha sido Profesor Titular de Zoología en la Facultat de Biologia de la Universitat de Barcelona, donde ha impartido asignaturas de Licenciatura y Grado en Biología y Ciencias del Mar, como Zoología General, Invertebrados, Zoología Aplicada, Biología de Invertebrados Marinos, Biología Animal Aplicada, Zoología Marina y Pesquerías. También ha impartido asignaturas de doctorado y en los másteres de Biodiversidad y Ciencias del Mar, como Malacología, Gestión de Fauna Terrestre, Gestión de Fauna Marina, Explotación de Recursos Animales Marinos, Biología de Especies Marinas de Interés Comercial, Océanos Polares, Prácticum de Invertebrados y Biodiversidad de Especies Animales Marinas.

Especialista en el estudio de los moluscos "opistobranquios" (babosas de mar en sentido amplio, actualmente incluidos dentro de la subclase Heterobranchia de los Gastropoda) desde 1975 hasta la actualidad, también ha seguido otras líneas de investigación como invertebrados alguícolas, comunidades bentónicas marinas, recursos naturales de los fondos blandos del Maresme, evaluación y cartografía de las poblaciones de erizos litorales de la costa catalana, epibiontes de cultivos marinos, comunidades marinas asentadas en superficies experimentales, proyecto piloto de reintroducción del cuerno marino (Charonia lampas) en la Costa Brava (Girona, España), comunidades de invertebrados de la plataforma y el talud continental y poliquetos de interés comercial en la costa del Maresme.

Ha publicado más de 130 artículos científicos y divulgativos sobre estos temas y es revisor (referee) de artículos de más de una docena de revistas científicas internacionales. Ha sido miembro del Grup de Recerca Consolidat de la UB “Biologia i Ecologia Bentòniques" (BEB) hasta el año 2022 y en la actualidad es miembro del Grup de Recerca Consolidat de la UB “Marine Biodiversity and Evolution”.

A lo largo de su vida profesional ha participado en más de 20 proyectos de investigación nacionales e internacionales y en numerosas campañas de muestreo en aguas del mar Mediterráneo, Atlántico, Caribe y la Antártida, tanto en zonas litorales como a bordo de buques oceanográficos como el B.O. García del Cid, el B.O. Francisco de P. Navarro, el B.I.O. Hespérides, el B.O. Georges Petit del Laboratoire Arago de Banyuls-sur-Mer (Francia) y el R.V. Polarstern del AWI de Bremerhaven, Alemania.

Ha impartido en centros escolares, universidades y entidades privadas numerosas conferencias y cursos sobre moluscos "opistobranquios", invertebrados de la Antártida, invertebrados del Mediterráneo y moluscos o biología marina en general. También ha asistido a más de 50 congresos, simposios o reuniones científicas nacionales y en el extranjero, donde ha presentado más de 70 comunicaciones científicas orales o en panel. Es socio numerario de la Sociedad Española de Malacología (SEM) desde su fundación, socio honorario de la Societat Catalana de Malacologia (SCM) y socio numerario de la Institució Catalana d’Història Natural (ICHN). Formó parte del Comité Organizador del II Congreso Nacional de Malacología, celebrado en Barcelona en 1980, fue además presidente del Comité Organizador del X Congreso Nacional de Malacología, celebrado en Barcelona en 1984, y también coorganizador del XIV Simposio Ibérico de Estudios del Bentos Marino (SIEBM), celebrado en Barcelona en 2006.

Buceador deportivo desde 1976, con titulación de 1ª Clase (*** CMAS) y nitrox, y experiencia desarrollada en más de 1.500 inmersiones realizadas en el Mediterráneo, Atlántico, mar Rojo, Maldivas, Caribe y la Antártida. Socio fundador del Club d'Immersió Biologia (CIB) de Barcelona, fue presidente del mismo desde 1983 hasta 1991. Experto en fotografía submarina científica y vídeo submarino, en 1992 fue pionero en España en el manejo de robot submarino (ROV) con fines científicos. Para su investigación ha manejado en numerosas ocasiones el microscopio electrónico de barrido (scanning) de los Servicios Científico-Técnicos de la Universitat de Barcelona. Su CV profesional abreviado está disponible en https://sira.ub.edu/static/fitxes/Biologia.html?id=mballesteros.ub.edu

Actualmente jubilado de las actividades docentes en la universidad desde finales del año 2022, en 2023 fue nombrado Profesor Emérito de la Universitat de Barcelona. Pese a su retiro como profesor universitario, y debido a su gran interés por la naturaleza, continúa redactando artículos científicos y divulgativos (se pueden consultar en la dirección https://www.researchgate.net/profile/Manuel_Ballesteros) y participando como coeditor en dos páginas web sobre babosas de mar (https://opistobranquis.info) y vida marina en general (https://vidamarina.info). También se dedica, por encargo de editoriales, a traducir o revisar textos de libros relacionados con la vida marina o la naturaleza en general.

Sigue buceando en la costa catalana y realiza numerosas excursiones en tierra para fotografiar plantas, setas, insectos y otros artrópodos. En el ámbito personal, ha practicado atletismo federado en la modalidad de carreras de fondo, tanto en pista (donde fue tres veces campeón de España en la prueba de 3.000 metros obstáculos en la categoría de veteranos) como en asfalto y maratón, y tiene la titulación oficial de Entrenador Nacional de Atletismo.

Para quien quiera contactar con él, su correo electrónico es: mballesteros@ub.edu

Manuel Ballesteros

Biólogo marino de profesión y apasionado por la naturaleza y la biodiversidad en general. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universitat de Barcelona en 1975, obtuvo el grado de doctor en 1980 en la misma universidad con la tesis titulada “Contribución al conocimiento de los Sacoglosos y Nudibranquios. Estudio anatómico, sistemático y faunístico de las especies del Mediterráneo español”, que obtuvo la calificación de Sobresaliente cum laude. Después de varios años dedicado a la enseñanza de la biología en Bachillerato en centros privados y públicos, desde 1984 ha sido Profesor Titular de Zoología en la Facultat de Biologia de la Universitat de Barcelona, donde ha impartido asignaturas de Licenciatura y Grado en Biología y Ciencias del Mar, como Zoología General, Invertebrados, Zoología Aplicada, Biología de Invertebrados Marinos, Biología Animal Aplicada, Zoología Marina y Pesquerías. También ha impartido asignaturas de doctorado y en los másteres de Biodiversidad y Ciencias del Mar, como Malacología, Gestión de Fauna Terrestre, Gestión de Fauna Marina, Explotación de Recursos Animales Marinos, Biología de Especies Marinas de Interés Comercial, Océanos Polares, Prácticum de Invertebrados y Biodiversidad de Especies Animales Marinas. Especialista en el estudio de los moluscos "opistobranquios" (babosas de mar en sentido amplio, actualmente incluidos dentro de la subclase Heterobranchia de los Gastropoda) desde 1975 hasta la actualidad, también ha seguido otras líneas de investigación como invertebrados alguícolas, comunidades bentónicas marinas, recursos naturales de los fondos blandos del Maresme, evaluación y cartografía de las poblaciones de erizos litorales de la costa catalana, epibiontes de cultivos marinos, comunidades marinas asentadas en superficies experimentales, proyecto piloto de reintroducción del cuerno marino (Charonia lampas) en la Costa Brava (Girona, España), comunidades de invertebrados de la plataforma y el talud continental y poliquetos de interés comercial en la costa del Maresme. Ha publicado más de 130 artículos científicos y divulgativos sobre estos temas y es revisor (referee) de artículos de más de una docena de revistas científicas internacionales. Ha sido miembro del Grup de Recerca Consolidat de la UB “Biologia i Ecologia Bentòniques" (BEB) hasta el año 2022 y en la actualidad es miembro del Grup de Recerca Consolidat de la UB “Marine Biodiversity and Evolution”. A lo largo de su vida profesional ha participado en más de 20 proyectos de investigación nacionales e internacionales y en numerosas campañas de muestreo en aguas del mar Mediterráneo, Atlántico, Caribe y la Antártida, tanto en zonas litorales como a bordo de buques oceanográficos como el B.O. García del Cid, el B.O. Francisco de P. Navarro, el B.I.O. Hespérides, el B.O. Georges Petit del Laboratoire Arago de Banyuls-sur-Mer (Francia) y el R.V. Polarstern del AWI de Bremerhaven, Alemania. Ha impartido en centros escolares, universidades y entidades privadas numerosas conferencias y cursos sobre moluscos "opistobranquios", invertebrados de la Antártida, invertebrados del Mediterráneo y moluscos o biología marina en general. También ha asistido a más de 50 congresos, simposios o reuniones científicas nacionales y en el extranjero, donde ha presentado más de 70 comunicaciones científicas orales o en panel. Es socio numerario de la Sociedad Española de Malacología (SEM) desde su fundación, socio honorario de la Societat Catalana de Malacologia (SCM) y socio numerario de la Institució Catalana d’Història Natural (ICHN). Formó parte del Comité Organizador del II Congreso Nacional de Malacología, celebrado en Barcelona en 1980, fue además presidente del Comité Organizador del X Congreso Nacional de Malacología, celebrado en Barcelona en 1984, y también coorganizador del XIV Simposio Ibérico de Estudios del Bentos Marino (SIEBM), celebrado en Barcelona en 2006. Buceador deportivo desde 1976, con titulación de 1ª Clase (*** CMAS) y nitrox, y experiencia desarrollada en más de 1.500 inmersiones realizadas en el Mediterráneo, Atlántico, mar Rojo, Maldivas, Caribe y la Antártida. Socio fundador del Club d'Immersió Biologia (CIB) de Barcelona, fue presidente del mismo desde 1983 hasta 1991. Experto en fotografía submarina científica y vídeo submarino, en 1992 fue pionero en España en el manejo de robot submarino (ROV) con fines científicos. Para su investigación ha manejado en numerosas ocasiones el microscopio electrónico de barrido (scanning) de los Servicios Científico-Técnicos de la Universitat de Barcelona. Su CV profesional abreviado está disponible en https://sira.ub.edu/static/fitxes/Biologia.html?id=mballesteros.ub.edu Actualmente jubilado de las actividades docentes en la universidad desde finales del año 2022, en 2023 fue nombrado Profesor Emérito de la Universitat de Barcelona. Pese a su retiro como profesor universitario, y debido a su gran interés por la naturaleza, continúa redactando artículos científicos y divulgativos (se pueden consultar en la dirección https://www.researchgate.net/profile/Manuel_Ballesteros) y participando como coeditor en dos páginas web sobre babosas de mar (https://opistobranquis.info) y vida marina en general (https://vidamarina.info). También se dedica, por encargo de editoriales, a traducir o revisar textos de libros relacionados con la vida marina o la naturaleza en general. Sigue buceando en la costa catalana y realiza numerosas excursiones en tierra para fotografiar plantas, setas, insectos y otros artrópodos. En el ámbito personal, ha practicado atletismo federado en la modalidad de carreras de fondo, tanto en pista (donde fue tres veces campeón de España en la prueba de 3.000 metros obstáculos en la categoría de veteranos) como en asfalto y maratón, y tiene la titulación oficial de Entrenador Nacional de Atletismo. Para quien quiera contactar con él, su correo electrónico es: mballesteros@ub.edu

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