Un descubrimiento accidental revela que el contacto entre corales sanos y blanqueados puede desencadenar una recuperación sorprendentemente rápida.
La historia comenzó de forma inesperada en un laboratorio de la Hopkins Marine Station de la Universidad de Stanford, en California. A principios de 2025, el investigador Stephen Palumbi observó que dos fragmentos de coral que habían quedado accidentalmente en contacto estaban experimentando un cambio sorprendente: el fragmento blanqueado comenzaba a recuperar la coloración de su vecino sano. Aquella observación fortuita dio lugar a una investigación que acaba de revelar un mecanismo de recuperación hasta ahora poco conocido.
Cuando un coral ayuda a otro a recuperarse
El blanqueamiento se produce cuando los corales sufren estrés, especialmente por temperaturas del agua demasiado elevadas, y pierden gran parte de las microalgas simbióticas que viven en sus tejidos. Estas algas, pertenecientes al grupo de las Symbiodiniaceae, realizan la fotosíntesis y proporcionan al coral una parte fundamental de la energía y los nutrientes que necesita para sobrevivir. También contribuyen a su coloración característica.

Coral blanqueado. Syahrul Harijo – Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0
Sin ellas, el coral pierde su color y queda debilitado, más expuesto a enfermedades, a la falta de alimento y a la competencia con otras algas. Pero un coral blanqueado no está necesariamente muerto: si las condiciones mejoran, puede recuperar sus simbiontes y restablecer la relación que mantiene con ellos.
Lo novedoso del estudio es que los investigadores descubrieron que este proceso puede acelerarse enormemente mediante el contacto físico con un coral sano.
El equipo estudió fragmentos de Pocillopora damicornis, una especie de coral pétreo del Pacífico. Cuando un fragmento sano entraba en contacto directo con otro blanqueado procedente del mismo individuo genético, ambos podían fusionar parcialmente sus tejidos y establecer una conexión a través de la cual las microalgas simbióticas pasaban del coral sano al blanqueado.
Los resultados fueron sorprendentes: el contacto durante aproximadamente una semana podía ser suficiente para poner en marcha una recuperación sostenida, incluso después de separar ambos fragmentos. En algunos experimentos se detectó transferencia de simbiontes tras solo tres días de contacto. Los corales recuperaron progresivamente su coloración y sus pólipos, y algunos llegaron a mostrar crecimiento de nuevos tejidos.
Un hallazgo prometedor, pero todavía experimental
La investigación, publicada el 14 de octubre de 2026 en la revista científica Science Advances, demuestra que el intercambio de simbiontes puede ser mucho más rápido y eficaz de lo que se pensaba. En los experimentos, los fragmentos blanqueados que permanecieron en contacto con corales sanos alcanzaron una recuperación completa en un plazo de hasta ocho semanas, mientras que los fragmentos mantenidos cerca, pero sin tocarse, no consiguieron recuperarse de la misma manera.

Recuperación de un coral blanqueado por contacto con un coral sano (fuente Collins et al., 2026)
Existe, sin embargo, una limitación importante: la recuperación mediante fusión de tejidos se observó en fragmentos genéticamente idénticos, es decir, procedentes del mismo individuo o clon. Cuando se utilizaron corales genéticamente diferentes, las interacciones fueron distintas y no se consiguió la misma recuperación. Por ahora, por tanto, no podemos afirmar que este mecanismo funcione de igual manera entre colonias diferentes en un arrecife natural.
El siguiente reto será determinar si este proceso puede aprovecharse en programas de restauración coralina, cómo funciona en otras especies y hasta qué punto puede aplicarse en condiciones reales. También será necesario comprobar cómo responde el coral si el estrés térmico continúa.
Esperanza, sí; pero también prevención
Este descubrimiento no elimina la amenaza que representa el calentamiento global para los arrecifes. La frecuencia e intensidad de las olas de calor marinas pueden superar la capacidad de recuperación de los corales, incluso cuando existen colonias sanas próximas. Además, el éxito observado en el laboratorio todavía debe validarse en ecosistemas naturales.
Su importancia reside en que abre una nueva vía de investigación: comprender cómo los propios corales pueden ayudarse a recuperar sus simbiontes y explorar si este mecanismo podría contribuir a futuras técnicas de restauración.
En conservación marina, conocer la capacidad de recuperación de los organismos es tan importante como comprender las amenazas que los afectan. Este hallazgo nos recuerda que, incluso en ecosistemas sometidos a una presión creciente, todavía existen procesos biológicos que no conocemos por completo y que podrían ofrecernos nuevas herramientas para protegerlos.
La mejor estrategia sigue siendo evitar que los arrecifes alcancen situaciones críticas, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorando la protección de los ecosistemas marinos. Pero descubrir que algunos corales pueden recuperar su vitalidad con ayuda de otros constituye, sin duda, un pequeño rayo de esperanza.
Referencia
- Collins, D. S., Sipkova, J., Mollica, N. R., Rolander, T., Klepac, C. N., Calistro, G. F., Barone, V., Micheli, F., & Palumbi, S. R. (2026). Rapid coral bleaching recovery via symbiont transfer from healthy corals. Science Advances, 12(42), eaeh1580. https://doi.org/10.1126/sciadv.aeh1580
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Miquel Pontes
Informático de profesión, es fotógrafo submarino y naturalista aficionado. Submarinista desde 1994, su “logbook” cuenta con centenares de inmersiones en el mar Mediterráneo, mar Caribe y mar Rojo y en los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. Fundador del Grupo de Estudios M@re Nostrum en 1996, socio fundador de Grup de Recerca en Opistobranquis de Catalunya en 2010, socio fundador del Grup de Recerca VIMAR (Vida Marina) en 2012. Co-autor y webmaster del web dedicado a los moluscos opistobranquios del Mediterráneo e Iberia OPK - Opistobranquis, co-autor del libro "Els nudibranquis del mar català" publicado en 2020 por Brau Edicions, descubrió el interesante mundo de los opistobranquios en 1997 de la mano de sus compañeros de inmersión y desde entonces ha sido una línea de trabajo continuada, aportando fotos submarinas, observaciones hechas en el medio natural y colaborando en la difusión de este área del conocimiento. Autor y co-autor de múltiples publicaciones científicas sobre moluscos opistobranquios (y otros grupos animales), ha participado y participa en todo tipo de proyectos divulgativos (libros, revistas, webs, conferencias, exposiciones …) como medio para difundir su interés principal: proteger los mares y los seres que los habitan. Desde 2019 es coordinador del grupo VIMAR (Vida Marina) y es webmaster de esta página web.