Un pequeño dragón que vive al revés
Glaucus atlanticus es uno de los nudibranquios más singulares que podemos encontrar en el mar. A diferencia de la mayoría de sus parientes, que viven asociados al fondo, es un animal pelágico que forma parte del pleuston, la comunidad de organismos que vive en la superficie del océano. Puede alcanzar unos 3 cm de longitud y presenta un cuerpo alargado, más ancho por detrás de la cabeza y terminado en una cola puntiaguda. Su coloración combina tonos plateados y azulados, con zonas de azul intenso, y a ambos lados del cuerpo se disponen seis grupos de cerata, apéndices ramificados que le proporcionan su aspecto característico de pequeño dragón.

Glaucus atlanticus @ Long Reef (Australia) by Peter Woodard CC BY 4.0
Pero quizá lo más peculiar de Glaucus sea su forma de vivir. Se mantiene invertido, con el pie orientado hacia la superficie del agua y el dorso hacia abajo, justo al contrario de lo que esperaríamos en un nudibranquio. El aire almacenado en el aparato digestivo contribuye a su flotabilidad y la tensión superficial ayuda a mantenerlo en la interfase aire-agua. Puede realizar movimientos natatorios lentos mediante sus cerata, pero su capacidad de desplazamiento es limitada y, a grandes distancias, depende fundamentalmente del viento y de las corrientes. Por ello, Glaucus no se desplaza hacia una playa de forma voluntaria: puede ser transportado junto con el resto del pleuston y acabar concentrado o varado en la costa (Churchill et al., 2014; Helm, 2021).
Su alimentación está estrechamente ligada a este peculiar hábitat. Es un depredador de otros organismos pleustónicos, especialmente cnidarios como Velella velella, Porpita porpita y Physalia physalis. Helm (2021) observó experimentalmente cómo G. atlanticus se alimentaba tanto de Physalia como de Velella, utilizando sus cerata para sujetar y manipular esta última mientras buscaba las zonas más adecuadas para alimentarse.
Alimentandose de Velella velella (Oguchi, 2024)
Alimentándose de Porpita porpita (Oguchi, 2024)
Alimentandose de Physalia physalis (Oguchi, 2024)
Y aquí aparece la característica que convierte a un pequeño nudibranquio de apenas unos centímetros en un animal que conviene no tocar. Los cnidarios que consume poseen nematocistos, las células especializadas capaces de producir una descarga urticante. Glaucus puede incorporar estos nematocistos y trasladarlos a estructuras especializadas situadas en el extremo de sus cerata, los cnidosacos. Este fenómeno, conocido como cleptocnidia, permite al nudibranquio reutilizar las defensas de sus presas en lugar de producirlas por sí mismo (Churchill et al., 2014).
La estrategia resulta especialmente eficaz cuando se alimenta de cnidarios con una potente capacidad urticante, como Physalia. Pero esto no significa que la presencia de Physalia sea necesaria para que Glaucus pueda defenderse ni, mucho menos, que todo Glaucus encontrado en una playa deba estar asociado a una carabela portuguesa. La alimentación sobre Velella está también documentada experimentalmente (Helm, 2021), y Porpita forma igualmente parte de las presas conocidas del género.
Así se entiende mejor la aparente paradoja del dragón azul: un animal diminuto, que no representa un peligro por su comportamiento y que difícilmente busca el contacto con las personas, puede producir una picadura dolorosa si es manipulado. Su peligrosidad no reside en que ataque, sino en las defensas que es capaz de apropiarse de otros miembros del ecosistema superficial. Observarlo y fotografiarlo no supone el mismo riesgo que cogerlo con la mano.
¿Por qué estamos encontrando ahora Glaucus en Cataluña?
La presencia de G. atlanticus en Cataluña no significa necesariamente que la especie haya colonizado nuestras costas. Su forma de vida hace que sus apariciones dependan en buena medida de las condiciones oceanográficas. Vive en superficie y puede ser transportado grandes distancias por el viento y las corrientes junto con otros componentes del pleuston.
El primer registro publicado de la especie en la costa mediterránea de la península Ibérica correspondió a ejemplares encontrados en Alicante en agosto de 2021, después de un episodio persistente de vientos del nordeste (Pujol et al., 2022). En septiembre de 2025 se confirmó su presencia por primera vez en la costa catalana, concretamente en Tamarit, donde se encontraron tres ejemplares. La Universitat de Barcelona señaló entonces que, ante una presencia puntual, la información y la señalización podían ser más adecuadas que el cierre de las playas (Universitat de Barcelona, 2025).

La situación se repitió en septiembre de 2026, cuando se localizaron ejemplares en las playas de Altafulla y Tamarit. En aquella ocasión se prohibió temporalmente el baño como medida preventiva, aunque al día siguiente se levantó la restricción al no detectarse nuevos individuos.
Estos episodios son todavía demasiado escasos para hablar de una población estable en Cataluña. Sí demuestran que el litoral catalán puede recibir ejemplares y que su llegada debe contemplarse como una posibilidad real, aunque todavía ocasional.
Physalia no explica necesariamente al Glaucus catalán
Es tentador relacionar inmediatamente cualquier aparición de Glaucus con la carabela portuguesa, especialmente porque Physalia physalis es una de sus presas más conocidas. Sin embargo, esta relación necesita ser matizada.

Glaucus atlanticus @ Australia 10.01.2023 by Oskar Suth CC BY 4.0
Physalia es un organismo típicamente oceánico y su presencia mediterránea es histórica y recurrente. Sus apariciones están relacionadas con la entrada de colonias atlánticas a través del estrecho de Gibraltar y con su posterior transporte por las corrientes y el viento. El episodio excepcional de 2010, por ejemplo, fue interpretado por Prieto et al. (2015) como consecuencia de una combinación poco habitual de condiciones meteorológicas y oceanográficas, y no como evidencia de una invasión permanente favorecida por el cambio climático.
Trabajos posteriores han mostrado que la presencia de Physalia en el Mediterráneo es, en realidad, mucho más antigua de lo que sugerían algunos registros recientes. La revisión histórica de Tiralongo et al. (2022) documentó ejemplares mediterráneos desde el siglo XIX y concluyó que la especie ha entrado repetidamente en la cuenca. Macías et al. (2021), mediante modelos de dispersión, mostraron además cómo las colonias pueden entrar por Gibraltar y ser posteriormente transportadas hacia diferentes sectores del Mediterráneo.
Esto es importante para interpretar las observaciones de Glaucus. No hay ninguna razón para suponer que los ejemplares encontrados en Cataluña hayan llegado necesariamente asociados a Physalia. En el Mediterráneo noroccidental existen otros componentes del pleuston que potencialmente pueden constituir sus presas, entre ellos Porpita porpita y Velella velella. En el caso de esta última, la alimentación de G. atlanticus ha sido observada experimentalmente (Helm, 2021).
Por tanto, resulta más prudente considerar que las apariciones catalanas pueden estar relacionadas con la dinámica general del pleuston superficial y con las condiciones que permiten que estos organismos se concentren y sean transportados hacia la costa. Que Physalia esté presente o ausente en un determinado episodio no permite, por sí solo, explicar la presencia de Glaucus.
Un Mediterráneo en transformación
El contexto ambiental tampoco es menor. El Mediterráneo está experimentando un calentamiento sostenido y episodios de temperaturas marinas excepcionalmente elevadas. Las especies pelágicas que viven en superficie pueden responder a estas modificaciones y cambiar su distribución.
Un estudio publicado en 2026 mediante modelos de distribución de G. atlanticus proyecta una expansión hacia latitudes mayores de las áreas ambientalmente adecuadas bajo diferentes escenarios de cambio climático. Entre las variables ambientales más importantes identificadas por los modelos se encuentran la temperatura, el pH, el fitoplancton y el oxígeno disuelto (Ferreira & da Silva, 2026).
Esto no permite afirmar que el cambio climático sea la causa directa de las apariciones catalanas. En cada episodio concreto, el viento, las corrientes y la disponibilidad de alimento pueden ser determinantes. Pero sí plantea una posibilidad razonable: un Mediterráneo progresivamente más cálido puede aumentar las oportunidades de que especies de afinidades más cálidas alcancen latitudes donde anteriormente eran menos frecuentes.
Cataluña ocupa, además, una posición interesante dentro del Mediterráneo noroccidental. Su litoral combina ambientes rocosos, arenosos y otros hábitats costeros, sometidos a una intensa influencia de procesos oceanográficos regionales. Sin embargo, la superficie del mar, donde vive el pleuston, es un ecosistema mucho menos visible que los fondos costeros. Organismos como Velella, Porpita, Physalia y Glaucus pueden ser transportados por vientos y corrientes y concentrarse temporalmente en determinadas zonas. La llegada ocasional de Glaucus debe entenderse, por tanto, dentro de esta dinámica superficial y no necesariamente como la expansión directa de una población que viva en nuestras playas. En este sentido, Glaucus puede resultar más interesante como expresión de los cambios que experimenta el ecosistema superficial que como supuesto peligro para los bañistas.
¿Es realmente necesario cerrar una playa?
Glaucus atlanticus no es un animal inofensivo. Su contacto puede resultar doloroso y debe evitarse. Pero tampoco estamos ante un animal que ataque activamente a las personas ni ante una concentración masiva de organismos urticantes. Su pequeño tamaño, su vida pelágica y su comportamiento hacen que el contacto humano sea fundamentalmente accidental, y una parte importante del riesgo puede reducirse evitando su manipulación.
Ante un ejemplar encontrado en la playa, la administración tampoco puede saber inmediatamente si se trata de un individuo aislado o de la parte visible de una concentración mayor. Desde una lógica estrictamente preventiva, una restricción temporal mientras se comprueba la situación puede ser perfectamente comprensible. La cuestión aparece cuando esta respuesta se convierte automáticamente en el cierre de una playa ante cualquier observación, independientemente de la magnitud del fenómeno.

Playa cerrada por la presencia del dragon azul en Tamarit 2025
En 2025, de hecho, el criterio expresado por la Universitat de Barcelona fue que una presencia puntual podía gestionarse mediante información y señalización, sin necesidad de cerrar la playa (Universitat de Barcelona, 2025). Aquí aparece una cuestión menos biológica y más social: ¿hasta qué punto debemos proteger a los ciudadanos de riesgos que pueden comprender y evitar por sí mismos?
Existe una tendencia creciente a considerar que, ante cualquier peligro, la respuesta más segura consiste en eliminar completamente la posibilidad de exposición. Pero la seguridad no siempre exige eliminar el riesgo. También puede consistir en conocerlo, comunicarlo y proporcionar al ciudadano información suficiente para actuar responsablemente. No se trata de minimizar el peligro de Glaucus. Se trata de ponerlo en proporción.
Ni alarma ni despreocupación
La aparición del dragón azul en Cataluña es una buena oportunidad para observar cómo está cambiando nuestro Mediterráneo. Es una especie extraordinaria, poco frecuente y potencialmente urticante, cuya presencia merece ser documentada y comunicada, pero de ahí a considerar cada ejemplar como una amenaza que obliga necesariamente a cerrar una playa hay un trecho.
Las observaciones de 2025 y 2026 no demuestran que Glaucus atlanticus se haya establecido en Cataluña. Sí indican que ejemplares pueden llegar ocasionalmente a nuestro litoral, y los modelos recientes sugieren que el cambio climático podría favorecer una expansión futura de su área potencial. Quizá la respuesta más sensata sea también la menos espectacular: conocer el animal, informar de su presencia y adaptar la respuesta a la magnitud real del fenómeno.
El dragón azul no es un tiburón. Tampoco es una carabela portuguesa. Es un pequeño depredador del ecosistema superficial que puede resultar peligroso si se manipula, pero cuya presencia ocasional no convierte por sí misma una playa en un lugar peligroso. El verdadero reto no consiste en conseguir un Mediterráneo sin riesgos -algo imposible-, sino en aprender a convivir con una naturaleza cambiante sin convertir cada descubrimiento en una emergencia.
Referencias
- Churchill, C. K. C., Valdés, Á., & Ó Foighil, D. (2014). Molecular and morphological systematics of neustonic nudibranchs (Mollusca: Gastropoda: Glaucidae: Glaucus), with descriptions of three new cryptic species. Invertebrate Systematics, 28(2), 174–195. https://doi.org/10.1071/IS13038
- Ferreira, A. P., & da Silva, A. R. (2026). House of the blue dragon: Ecological niche models predict range expansion of Glaucus atlanticus Forster, 1777 (Mollusca: Nudibranchia) under different climate change scenarios. Regional Studies in Marine Science, 98, 105068. https://doi.org/10.1016/j.rsma.2026.105068
- Helm, R. R. (2021). Natural history of neustonic animals in the Sargasso Sea: Reproduction, predation, and behavior of Glaucus atlanticus, Velella velella, and Janthina Marine Biodiversity, 51, 99. https://doi.org/10.1007/s12526-021-01233-5
- Macías, D., Prieto, L., & García-Gorriz, E. (2021). A model-based management tool to predict the spread of Physalia physalis in the Mediterranean Sea. Minimizing risks for coastal activities. Ocean & Coastal Management, 212, 105810. https://doi.org/10.1016/j.ocecoaman.2021.105810
- Montesanto, F., Albano, P. G., Ayas, D., Betti, F., Capillo, G., Çınar, M. E., Corsini-Foka, M., Crocetta, F., Dağlı, E., D’Iglio, C., Digenis, M., Dragičević, B., Famulari, S., Ergüden, D., Giova, A., Giussani, V., Hoffman, R., Isajlović, I., Lipej, L., … Zamuda, L. L. (2022). New records of rare species in the Mediterranean Sea (December 2022). Mediterranean Marine Science, 23(4), 968–994. https://doi.org/10.12681/mms.32369
- Prieto, L., Macías, D., Peliz, Á., & Ruiz, J. (2015). Portuguese Man-of-War (Physalia physalis) in the Mediterranean: A permanent invasion or a casual appearance? Scientific Reports, 5, 11545. https://doi.org/10.1038/srep11545
- Pujol, J. A., López-Esclápez, R., & Ubero-Pascal, N. (2022). First record of Glaucus atlanticus Forster, 1777 (Mollusca: Nudibranchia) in the Mediterranean coast of Iberian Peninsula. Mediterranean Marine Science, 23(4), 973–974. https://doi.org/10.12681/mms.32369
- Tiralongo, F., Badalamenti, R., Arizza, V., Prieto, L., & Lo Brutto, S. (2022). The Portuguese Man-of-War has always entered the Mediterranean Sea-Strandings, sightings, and museum collections. Frontiers in Marine Science, 9, 856979. https://doi.org/10.3389/fmars.2022.856979
- Universitat de Barcelona, Institut de Recerca de la Biodiversitat. (2025, 17 de septiembre). Presència del drac blau (Glaucus atlanticus) a la costa catalana. https://www.ub.edu/irbio/presencia-del-drac-blau-glaucus-atlanticus-la-costa-catalana-n-1240-ca
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Miquel Pontes
Informático de profesión, es fotógrafo submarino y naturalista aficionado. Submarinista desde 1994, su “logbook” cuenta con centenares de inmersiones en el mar Mediterráneo, mar Caribe y mar Rojo y en los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. Fundador del Grupo de Estudios M@re Nostrum en 1996, socio fundador de Grup de Recerca en Opistobranquis de Catalunya en 2010, socio fundador del Grup de Recerca VIMAR (Vida Marina) en 2012. Co-autor y webmaster del web dedicado a los moluscos opistobranquios del Mediterráneo e Iberia OPK - Opistobranquis, co-autor del libro "Els nudibranquis del mar català" publicado en 2020 por Brau Edicions, descubrió el interesante mundo de los opistobranquios en 1997 de la mano de sus compañeros de inmersión y desde entonces ha sido una línea de trabajo continuada, aportando fotos submarinas, observaciones hechas en el medio natural y colaborando en la difusión de este área del conocimiento. Autor y co-autor de múltiples publicaciones científicas sobre moluscos opistobranquios (y otros grupos animales), ha participado y participa en todo tipo de proyectos divulgativos (libros, revistas, webs, conferencias, exposiciones …) como medio para difundir su interés principal: proteger los mares y los seres que los habitan. Desde 2019 es coordinador del grupo VIMAR (Vida Marina) y es webmaster de esta página web.